El hotel es un remanso de tranquilidad en plena naturaleza y, por ello, se debe resaltar la belleza de sus jardines. Un paseo por estos espacios lleva a los visitantes a disfrutar de diversa flora y fauna, siempre rodeados de elementos característicos de la Isla y una decoración basada en rosas, tamariscos y frondosos árboles.

Las piscinas, de reflejos turquesas y estilo clásico, son el lugar perfecto para relajarse con una copa o cualquiera de las sugerencias ofrecidas en nuestro Bar Renoir, durante el día tumbados al sol o por la noche a la luz de las velas.