El hotel Biniarroca está situado en pleno campo, entre los pueblos de Sant Lluís, Es Castell, y Mahón. A Sant Lluís se llega a pie en unos pocos minutos, y desde ahí salen autobuses a las preciosas playas de Binibeca y Binisafúller, además de a Mahón, desde donde se puede enlazar en bus a toda la isla.

Menorca es la isla más oriental de Baleares. Tiene una extensión de 702 kilómetros cuadrados, y 216 kilómetros de costa. Aunque mide tan solo 47 kilómetros de largo, dispone de los enclaves naturales más espectaculares de las Islas Baleares. ¡Y no solamente lo decimos nosotros!

La historia de Menorca se palpa en sus calles. Es Castell, fundado por los británicos en el s. XVIII, es el primer municipio de España que ve el sol; Sant Lluís fue fundado por los franceses y Mahón tiene el mayor puerto natural de Europa. Además de una riqueza gastronómica más que destacable, con quesos, vinos, ginebras y embutidos de renombre internacional, el contacto de Menorca con el campo es estrecho, tanto que el caballo es el protagonista de las fiestas patronales que se celebran en todos los pueblos durante la época estival, arrancando con Sant Joan en junio hasta las fiestas de Mahón, la capital administrativa, a principios de septiembre.

Esbozando lo que encontramos cerca de Biniarroca, cabe destacar que a escasos minutos del hotel se alza el poblado de pescadores de Binibeca Vell, con sus pequeñas casas encaladas; el fuerte británico de Marlborough, en la cala de San Esteban; y varios yacimientos arqueológicos como el de Trepucó y el de Trebalúger. Las playas del municipio de Sant Lluís incluyen bellezas como Punta Prima, Alcaufar o Binibeca; y en Mahón encontramos Sa Mesquida o Es Grau, además del núcleo de Menorca como Reserva de la Biosfera, la Albufera des Grau, ideal por sus rutas de senderismo y deportes náuticos. En la zona central de la isla, a unos 20 minutos en coche, están los populares arenales de Son Bou y Son Saura; y aquí uno debe subir obligatoriamente al Toro, la montaña más alta, con 346 metros, desde cuya cima se disfruta de una hermosa vista de la isla alcanzando el Puerto de Fornells, en la costa norte: una auténtica delicia para la vista.

A unos 40 minutos, llegando a Ciutadella, la antigua capital medieval situada en el extremo opuesto, la abundancia de calas vírgenes impresiona y, de repente, uno se rinde a la evidencia dándose cuenta de que el viaje es demasiado corto. ¡Pero si Menorca parecía pequeña! Lo es, pero solo sobre un mapa. Cala Turqueta, Macarella y su hermana Macarelleta, Mitjana y Mitjaneta, La Vall… ¡La lista es interminable! En Ciutadella, además, uno debe visitar la Catedral de Menorca, alguno de sus palacetes y castillos, y los mercados tradicionales llenos de vida y color.

Conscientes de la joya que tenemos entre manos, en el equipo hay menorquines y peninsulares; ingleses, franceses, italianos, belgas… ¡Todos enamorados de esta isla! Estaremos encantados de guiarle y recomendarle los mejores enclaves para disfrutar de un trocito de tierra precioso en medio de un mar cautivador.