De un “lloc” tradicional menorquín a un hotel con encanto

El edificio fue en sus orígenes lo que en Menorca se denomina un “lloc”, una antigua casa de campo dedicada a la ganadería y la agricultura. En concreto, la historia de Biniarroca se remonta al siglo XVIII. Hasta el año 1998 el caserío contó con vacas para la producción de queso, además de un extenso huerto. Entonces, la británica Sheelagh Ratliff, anteriormente dedicada a la exigente industria de la moda en Londres, decidió regalarse otra vida lejos del estrés en este enclave de paz, armonía y naturaleza.

En la reconversión de la casa de campo en hotel se aprovechó buena parte de las antiguas zonas de producción de queso y de agricultura. También se respetaron las distribuciones originales del edificio principal, que ahora alberga 12 de las 18 habitaciones. Se mantuvieron los embaldosados de arcilla roja y las ventanas de guillotina -tan propias de la arquitectura menorquina y que tienen reminiscencias de la presencia británica en la isla-. Y también se conservaron las barreras, que hoy están siempre abiertas para dar la bienvenida a todos aquellos que nos visitan.

Con el deseo de preservar el carácter original de la casa, los jardines se diseñaron en torno a la flora autóctona de Menorca. Tanto es así que la palmera centenaria que corona la fachada del hotel desde sus orígenes es, aún hoy, la imagen e incluso el logotipo de Biniarroca.