El edificio fue en su día lo que en Menorca se denomina un “lloc”, una antigua casa de campo en la que se llevaban a cabo todo tipo de actividades relacionadas con la ganadería y la agricultura. En concreto, la historia de Biniarroca se remonta al siglo XVIII y, hasta 1998, el caserío contó con vacas para la producción de queso, además de un huerto. Entonces, Sheelagh Ratliff, anteriormente dedicada a la exigente industria de la moda en Londres, decidió regalarse otra vida, lejos del estrés, en este enclave de paz, armonía y naturaleza.